En 2026, más de ocho años después del inicio del éxodo masivo de venezolanos, el país se enfrenta a un escenario de post‑Maduro donde el retorno figura como una posibilidad, pero no como un movimiento generalizado. A pesar de que el fin del régimen puede abrir puertas para regresos, estudios y encuestas recientes muestran que solo una minoría de la diáspora está dispuesta a volver en el corto plazo. Un dato destacado es que alrededor de un 11 por ciento de los migrantes venezolanos en América Latina señala que podría regresar a su país en los próximos 12 meses, un porcentaje reducido frente al sociado de quienes prefieren quedarse en los países de acogida.

Qué dicen las encuestas sobre el retorno
Un informe de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), publicado en marzo de 2026 bajo el título “Intenciones de regresar a Venezuela”, recoge la voz de cerca de 1.300 venezolanos entrevistados en Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guatemala y Perú. Según estos datos, algo más de un tercio de la población encuestada manifiesta alguna intención de volver, ya sea en el mediano o largo plazo, pero solo alrededor del 9 por ciento asegura que lo haría en menos de un año. Redondeando, el conjunto de quienes plantean un regreso realista en el horizonte de un año ronda el 11 por ciento, cifra que se mantiene baja pese al cambio de gobierno en Caracas.
El grupo que sí baraja la idea de retornar suele mencionar motivos emocionales como el reagrupamiento familiar, la nostalgia por la patria y el deseo de reconstruir la vida en el país de origen. Sin embargo, estos mismos encuestados coinciden en que la decisión final depende de que se cumplan condiciones concretas: estabilidad política, recuperación económica, seguridad pública y acceso a servicios básicos. En otras palabras, no basta con el fin de Maduro: se exige un cambio integral de contexto para que el regreso deje de ser un deseo sentimental y se convierta en una decisión racional.
Intenciones de retorno: cifras clave
| Grupo de encuestados | Intención de retorno en los próximos 12 meses |
|---|---|
| Venezuelanos en Latinoamérica (ACNUR, 2026) | 9% indican retorno seguro en menos de 1 año |
| Otros que lo consideran posible | 10% lo evalúa seriamente |
| Preferencia general por regresar | 16% lo menciona como opción atractiva |
| Sin intención de volver | Casi 2/3 de los encuestados |
En conjunto, estos datos se traducen en que, del total de migrantes venezolanos, apenas un segmento pequeño está realmente dispuesto a emprender el regreso en el corto plazo, mientras que la mayoría opta por seguir construyendo su vida en el exterior.
Por qué la mayoría no regresa en el corto plazo
La baja proporción de quienes piensan regresar a Venezuela en 2026 se explica por factores estructurales más allá del simple cambio de gobierno. Aunque el fin de la etapa de Nicolás Maduro genera esperanza, la realidad cotidiana del país continúa marcada por la precariedad económica, el deterioro de la infraestructura, la inseguridad y la incertidumbre institucional, aspectos que pesan más que la simbología política de un cambio de liderazgo.
Entre las razones que impiden el retorno temprano destacan:
- Falta de empleo y oportunidades económicas: Para la mayoría de los migrantes, la estabilidad laboral es el factor más importante para decidir si se queda o se va. Muchos han encontrado puestos de trabajo, aunque sean informales o precarios, que les permiten sostener a sus familias. Regresar a un mercado laboral destruido supone un riesgo financiero que pocas personas están dispuestas a correr en el breve plazo.
- Inseguridad y temor a la inestabilidad política: Pese al fin del régimen de Maduro, persiste la cultura de la impunidad, la presencia de grupos armados irregulares y la incertidumbre sobre quién realmente controlará el poder en los primeros años de la transición. El temor a la violencia y a la continuación de prácticas de represión mantiene a muchos alejados.
- Asentamiento en el país de acogida: Millones de venezolanos ya han reconstruido redes sociales, escolarizado a sus hijos, alquilado o comprado vivienda y adquirido permisos de trabajo. Cortar ese proceso implica una pérdida de capital humano y social, algo que solo se acepta cuando el beneficio de la nueva estabilidad supera claramente los costos de la re‑migración.
Retorno selectivo, no masivo
Los estudios de migración mixta sobre el escenario post‑Maduro coinciden en que, de haber retornos voluntarios, estos serán selectivos y graduales, no masivos ni súbitos. Un informe de la ONU sobre “Venezuela después de Maduro” explica que los primeros en regresar pueden ser quienes conservan recursos financieros, propiedades dentro del país o vínculos profesionales que faciliten la reintegración, mientras que quienes se encuentran en situación más frágil seguirán priorizando la permanencia en el exterior.
Este retorno selectivo tiende a concentrarse en ciertos grupos:
- Trabajadores calificados y emprendedores que ven en el país de origen una oportunidad de negocio en sectores como servicios, tecnologías de la información, educación y salud.
- Personas que mantienen propiedades o viviendas en Venezuela y que consideran que el costo de mantenerlas vacías es mayor que el riesgo de regresar a corto plazo.
- Jefes de hogar que retornan primero para “probar” las condiciones, mientras el resto de la familia se queda en el país de acogida, con la posibilidad de hacerlo circularmente.
Esta dinámica de retorno por etapas y de forma parcial significa que el regreso de la diáspora no devolverá de inmediato a Venezuela a su población de origen, ni cerrará la crisis de la movilidad. Por el contrario, se consolidará una estructura de movilidad mixta, con familias divididas entre el país de origen y el de acogida, y con trayectorias de ida y vuelta que se repetirán durante años.
Obstáculos estructurales al retorno
Aunque la voluntad de algunos regresar exista, el retorno efectivo enfrenta barreras profundas, tanto en Venezuela como en los países de acogida. En el país de origen, el regresado puede encontrarse con:
- Vivienda destruida o ocupada, sin documentación clara sobre titularidad, herencias o hipotecas.
- Servicios básicos deficientes: agua, electricidad, salud pública y educación en estado crítico, lo que obliga a recurrir a soluciones privadas o a la improvisación, elevando el costo de la vida.
- Incertidumbre administrativa y legal, ligada a la reforma de la institucionalidad, el sistema de justicia y la definición de derechos de propiedad y de residencia.
En el lado de los países receptores, muchos migrantes enfrentan:
- Vulnerabilidad legal, con estatus migratorios precarios, trabajos no reconocidos o sin acceso a la formalidad, lo que limita su capacidad de negociar una salida segura y ordenada.
- Demonización social, expresada en discursos de rechazo y xenofobia, que desincentivan el retorno al pensar que en el país de acogida, a pesar de todo, existe al menos algún nivel de protección institucional.
Estos obstáculos refuerzan que la decisión de regresar no es solo política, sino económica y socialmente compleja. Una persona puede sentimentalmente querer volver, pero si el empleo, la seguridad y la calidad de vida en el país de acogida son superiores, incluso mínimamente, tenderá a quedarse.
Retorno como proceso gradual, no como evento único
La evidencia disponible para 2026 indica que el regreso de migrantes venezolanos será un proceso lento, medido y cargado de condiciones. El informe de la ACNUR subraya que la mayoría de los retornados encuestados en Venezuela manifiestan intención de quedarse, lo que sugiere que, una vez que alguien regresa, no suele volver a emigrar de inmediato. Sin embargo, esa estabilidad solo se consolida si el país ofrece mínimos básicos de funcionamiento institucional, empleo y seguridad.
En este escenario, el 11 por ciento de la diáspora que planea un regreso a corto plazo actúa como una punta de lanza: pequeños flujos de retorno permiten recoger experiencias, evaluar riesgos y, en su caso, ampliar la ventana de oportunidad para quienes aún dudan. El resto de la comunidad migrante, aproximadamente dos tercios de los encuestados, que no tiene intención de volver, seguirá siendo un sector clave de la economía de los países de acogida, a la vez que mantiene vínculos familiares, remesas y redes transnacionales con Venezuela.
En definitiva, el Argentina‑Maduro no desencadena, de forma inmediata, un éxodo inverso masivo. La mayoría de los migrantes venezolanos ha aprendido a vivir en el límite entre la nostalgia y la necesidad, y eso los inclina a esperar, observar y, en el mejor de los casos, regresar lentamente, solo cuando las condiciones les dé razones suficientes para dar el salto. El 11 por ciento que sí contempla un retorno en los próximos 12 meses representa un deseo contenido, una posibilidad en curso, pero no una corriente de retorno que cambie de golpe la geografía de la diáspora venezolana.

Daisy Ruth es una periodista enfocada en actualidad internacional y tendencias digitales, comprometida con brindar información precisa y fácil de entender para una audiencia global.